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GRACIAS!!!!Han quedado grabados en este espacio cybernetico mis escritos, un trecho de vida que se ha dado por terminado. Los proximos escritos ya estaran presentes en otro lugar, un espacio en el que no solamente se podran encontrar mas letras, poesias y prosa, si no, este que soy, que ya no es el mismo de antes. A ustedes, gracias por su tiempo, sus comentarios y por mantener siempre viva la sed de letras en mis días. Espero entontrarlos en el proximo espacio, con sus comentarios, sus deseos y reproches.
DAMIAN Charla en la PenumbraLa vida es así, hermano, sin dudas, una sonata clásica. Ahora Mariana lo mira con ojos perdidos, y Joaquín entra en duda. Claro que la va a abrazar y entre sollozos le va a robar un beso, pero ya nada va a ser igual; ¡ella le falló, Juan! y somos dos nada mas los que sabemos, nada mas que vos y yo; yo, por que los conozco y se como funciona esta ceremonia de las reconciliaciones, y vos… estas acá, al lado mío ¿o me equivoco? Pero no hagas silencios, sabes que no puedo ver tus muecas ni gestos. Casi son las cinco de la mañana. A estas horas el mayor de los Praga habrá embriagado a Julia y entre charlas y vodka van a pasar directo a la alcoba…. Es un lastima que una mujer tan segura tenga que embriagarse para desnudarse a su lado. Bueno, él es un pibe también. Juan, ¿estas ahí?... Es como te digo, viejo, son todas las relaciones un cliché. Ojos que brillan, bocas sedientas que se buscan o esperan como el tren de las seis con última parada en camas mojadas a la mañana siguiente. De a poco se va cayendo, y ya en un par de meses aparecen los desalientos, los recuerdos, y es de implacable necesidad encontrar en los recuerdos el viaje que los llevó hasta la cama mojada y las pertinentes horas en las que uno está seguro de que su boca le perteneció a cambio de nada. De a poco vamos siendo realistas. ¡Y seamos realistas Juan: nada, pero absolutamente nada puede perdurar más que la necesidad de no querer cambiar las cosas! Por que mañana me voy a levantar y voy a acariciar la misma piel que acaricio siempre, y yo ya no tengo camas mojadas ni trenes a la madrugada… Todo se va pudriendo, viejo. Escuchas la misma voz, hasta que llegada la noche, no te estremece como antes; no querés escucharla como antes; y de a poco se va perdiendo, como un pitido ronco ahuecado hasta caer, ya indescifrable, en el sueño. Juan, pero vos nunca me contaste de vos y tus sentimientos. ¿Qué pasó con esa mujer que tanto estabas buscando?... claro, vos siempre con tu silencio y yo poblado de palabras. De todos modos sabes lo que pienso de ella, esa piba no es para vos, viejo, saltá de la cama cuando la encuentres mojada, no lo dudes. Como se dan las cosas, che. Nosotros aquí con nuestros mundos casi paralelos, y un mundo que se desnuda para que lo analicemos. Pero bueno, es ahí donde esta lo indescifrable, mi Juan. Por que no se que será lo lógico, pero aunque no soporto ya su voz; aunque no haya mas rugosa piel que su piel, aquí me ves, sigo de pie y con ella a mi lado. Sí, la trate mal, pero bueno, son esas cosas de no querer cambiar las cosas. Pobre Clarisa, aunque sea todo lo que es, merece mi cariño, por lo menos no merece mis maltratos… aunque a veces me vuelvan loco sus ideas del amor y esas cosas. Pero bueno, son asi las cosas, tarde o temprano, vos con tu silencio y yo con mis palabras, volveremos a estar como en un principio. Bueno, de vos no hay mucho que esperar, siempre estuviste en un principio. Vos, que siempre gozaste de estar en silencio y yo de no verte, una gracia de confidencia constante. Por que aunque no lo quiera, ella es simple, Juan, y no necesita mucho de mí, por que yo, aunque poco y nada, creo haberlo visto todo. Ahora estas ahí, o tal vez no, por que tarde o temprano, estarás con Clarisa, como yo lo estuve y yo perderé mi mundo de palabras. Por que ahora los siento, besándose en el quinto viaje en busca de sabanas blancas. Y yo seré el mudo, hermano, por que vos necesitaras palabras, aunque ella no las quiera. Andá Juan, anda, Clarisa estará preocupada, yo me voy a buscar un poco de vino y un par palabras mudas, que mucha falta me hacen. DAMIAN oCHEntaAleida
en el 80º aniversario del Che por Aleida Guevara March Escribir algo a mi padre en sus 80 cumpleaños es difícil para mí, no creo en un más allá, pero reconozco que hay veces que desearía que ese más allá fuese un ven acá. Me gustaría poder abrazarlo, cuidarlo, mimarlo y discutir con él todas las cosas que me van golpeando, todo cuanto continúo aprendiendo. Pero eso es imposible, físicamente hace mucho que no está. En una ocasión, pensando en su madre, mi abuela, papi escribió algo muy interesante sobre la vida después de la muerte. El decía que se puede sobrevivir en los hijos, pero no quería ser una carga para nosotros, no nos pedía nada en especial, sólo que fuéramos dignos hijos del pueblo donde vivíamos. Reconoció que cuando hablábamos de una carga al machete estábamos hablando de la vida aún después de la muerte, se refería a la historia que es una forma de vencer la muerte. Y heme aquí, sin temor a equivocarme, que estoy hablando de la vida después de la muerte, porque el Che hoy cumple 80 años de vida y que vida, siempre en polémica, hasta le discuten la fecha de nacimiento, unos se dedican a describir esa vida, algunos amigos, otros no tanto; unos fieles a la verdad histórica, otros inventándose cualquier cosa. Pero continúa llamándonos a la reflexión y siempre es un reto. Este argentino, nacido en Rosario no se cansa nunca de dar el ejemplo y es que como ser humano es tan completo que no logramos igualarlo; lo intentamos, seguro, pero muchos nos quedamos sólo hablando y vaya si hablamos, pero desgraciadamente pocos actuamos. Y de que sirven los discursos y hasta los monumentos si no llevamos a la práctica sus ideales y convicciones. Hablar es fácil, crear monumento no tanto, pero puede hacerse, ustedes lo demostraron cuando reunieron pieza a pieza lo que necesitaban y lo lograron. Pero digo yo, de que sirven los monumentos cuando no conocemos la vida que llena esa imagen y de que vale el conocerla si no la interiorizamos, si no la llevamos a la práctica cotidiana. Esto es sólo un comienzo, los primeros pasos, pero necesitamos mucho más, muchísimo más. Necesitamos unidad, palabra mágica que tanto mencionamos pero que apenas sentimos, necesitamos educación, porque sólo sabiendo lo que queremos y como podemos hacerlo es que dejaremos de ser manipulados, utilizados y podremos ser realmente libres. Necesitamos información, pero no amañada por los intereses de los poderosos, si no la información que llegue a todos y que sea fiel reflejo de lo que vivimos, para tener la capacidad de reaccionar ante lo que nos rodea. Necesitamos acción, acción revolucionaria que nos permita modificar lo que sabemos que no debe seguir ocurriendo, para poder impedir que personas sin escrúpulo tiren la leche que es tan necesaria para muchos niños que hoy mueren de hambre, para tantos hombres y mujeres que la necesitan. A pesar de lo que dijo Esquivel anoche, yo no puedo decirles todo lo que quisiera sobre ese tema, porque todavía no somos reconocidos como hijos de la gran patria latinoamericana, tenemos que ser prudentes en ese sentido, son problemas internos que deben ser resueltos por ustedes, aunque ya nos sintamos parte de este pueblo y aunque sus problemas sean también nuestros. Pero no puedo callar mi conciencia y como simple mujer cubana que sabe lo que padecen nuestros pueblos, como médico que ha estado combatiendo la desnutrición y la muerte en Nicaragua, en Angola; como madre, les pido, por favor que no permitan estas cosas, no permitan semejante crimen. Sean coherentes, defiendan el derecho a la vida de los que están confundidos, de los que no tienen fuerza, de los que no tienen el valor para hacerlo. Como ayer Esquivel nos preguntó que pensaría el Che de esto, hoy les pregunto que harán ustedes ante esto? La vida es muy corta, dicen que cuando estamos aprendiendo a vivir, debemos comenzar a despedirnos, para algunos es más corta aún, porque gustosos la entregamos por lo que creemos o porque nos la arrebatan porque de alguna forma les damos pavor a los poderosos. Pero mientras tengamos el privilegio de existir, hagámoslo con dignidad y valentía, vivamos de forma tal que al momento de la despedida no sintamos dolor por los años pasados en vano, aprovechemos al máximo lo que tenemos, disfrutemos el privilegio de vivir, seamos alegres, pero no podemos dejar de ser profundos. No hay mayor alegría que saber que somos capaces de luchar por lo que creemos, no mayor alegría que sentirte útil a otro ser humano. Decía el Che que los verdaderos revolucionarios tienen que ser románticos, porque solo amando puedes entregar la vida por un ideal. Compañeros, hace muchos años, nuestro José Martí hizo un poema que tituló Yugo y Estrella, desde el siglo XIX este insigne americano nos mostró dos caminos en la vida, aceptas el yugo y te conviertes en buey, tienes paja caliente y rica y ancha avena, puedes tomar alimentos y asegurarte un techo si obedeces, si bajas la cabeza y aceptas lo que te ordenen; o puedes ceñirte la estrella, la estrella que ilumina y mata, da tanta luz que muchos tienen miedo de ella y te dejan solo, pero como eres capaz de crear, creces. Martí eligió la estrella y el Che fue parte de ella, es una decisión personal, que deciden, son bueyes o se unen a la estrella? Ustedes y sólo ustedes deciden. Hoy quiero agradecerles, agradecerles todo el esfuerzo que han hecho muchos compañeros, muchos de ellos jóvenes, para conmemorar este 80 aniversario de vida intensa. Quiero agradecer la solidaridad para con Cuba, el trabajo importante que desarrollan las Cátedras Che Guevara y su compromiso con las jóvenes generaciones, la labor de los sindicatos, de los obreros, en estas actividades, quiero agradecerles el que nos hayan permitido a todos nosotros estar hoy aquí, con ustedes. Quiero agradecerles a todos su presencia en este momento. Antes de concluir mis palabras y pensando en algo que escuché ayer, que los cumpleaños se celebran con los amigos, los hijos, los hermanos, con los que te quieren bien, permítanme decirles que hoy me acompañan algunos de mis tíos, hermanos de papi, está la tía Celia a la que conocí siendo muy pequeña y que ya quería aún sin conocerla, porque mi madre me contó que mi padre la quería mucho y cuando la conocí la quise mucho más porque sentí que ella quería mucho a mi padre, está aquí con nosotros, mujer sencilla que pocos identifican como la hermana del Che porque nunca ha usado su nombre como tarjeta de presentación, aunque ha hecho cualquier revuelo por defender la vida de otro hermano que cuando estaba preso se le negaba atención médica urgente, mi tío Juan Martín, el pequeño hermano de papi que no llegó a ver convertirse en hombre y luchar por sus propios ideales. Están aquí mis hermanos, 2 hombres, abogados, cubanos internacionalistas y mi hermana, que cuando papi cumplió sus 35 años se convirtió en el mejor regalo que seguramente recibió, también Celia como la abuela y la tía, es médico veterinario, especializada en mamíferos marinos, hoy cumple años. Felicidades hermanita. También está junto a nosotros mi madre que lo amó tanto y que nos mostró lo mejor de nuestro padre. Y están aquí junto a nosotros mis otros cinco hermanos, prisioneros injustamente en las cárceles de Estados Unidos de Norte América, por luchar contra el terrorismo en el propio territorio nacional del imperio, hombres dignos de nuestro pueblo que a pesar de las distancias están aquí celebrando porque no hay barreras para la dignidad, el valor y la ternura y estos hombres en su conjunto son la mejor muestra de la fuerza de nuestro pueblo. Están también, pese a la distancia, Fidel, Raúl, Pombo, Ramiro y tantos amigos y compañeros que no lo olvidan y que lo sienten presente. Ante todos ellos renuevo mi compromiso de luchar junto a ustedes, de luchar junto a mi querido y aguerrido pueblo, junto al gran pueblo latinoamericano, junto a las mujeres y hombres honestos del mundo, por ese mundo mejor que todos necesitamos hasta las últimas consecuencias, hasta la Victoria Siempre.
La autora es doctora en pediatría y la hija de Che Guevara Viva imagen del desdénHe dejado acompañando en los racimos de uvas, la vana imagen de que en algún momento recaerá sobre la lluvia un vacío aullido de golondrinas. Despilfarrando los matices, acaparé sobre los cristales el brillo perverso que deja el crepúsculo. Más nada remedia lo ya intentado, lo perdido o tal vez olvidado.
El cielo se ha cubierto de un grisáceo putrefacto, la ciudad a comprendido que tan solo el temor esta exento de miradas. Es entonces, que todos los hombres han optado por detener su paso ante las farolas; los motores carcomen el silencio de un modo exacerbado, y no escatiman costes los aventureros al planear una huida… es en vano, bastan solo un aullido, un gemido, un pellizco para regresar al galope de aquellos sueños. El espacio se cubre de vomito que los perros acarrean con sus lánguidas lenguas. Las salivaderas gozan de pulcra limpieza y los espacios lúcidos se han llenado de negruzcos y nubosos manchones sobre el firmamento.
He dejado sobre las peceras, el pérfido deseo de encontrar un celeste serafín; un pez vivo de memoria, una flor gozosa de pétalos cuyos colores ya he olvidado. Ha penas despego mi cuello de los hombros, reaparezco a la izquierda de las uvas donde he dejado los racimos en los que buscare tu imagen tarde o temprano. Banquete de DomingoHabría llovido la noche anterior, ya que las hojas secas que forman colchones en el patio cerca de la parra se tornaban resbaladizas y tía Franchesca sentabase en la reposera gozosa de haber dormido toda la mañana sin tener que levantarse a dar baldazos o a barrer el patio. Entonces tío Eduard encendía la pipa para las 12 y se preparaba para salar la carne del asado de domingo mientras nosotros mirábamos atónitos el fuego. Nunca pude llegar a comprender por que el fuego chispeante en el asador nos llamaba tanto la atención. Por ese momento dejábamos de pensar en cualquier fantasía y solamente pertenecíamos al momento; no hacíamos mas que mirarlo, pues un par de veces mi prima, la menor, quiso acercarse para sentirlo y la convulsión de todos en la casa nos hizo saber que solamente podíamos permanecer a un par de metros; pero no nos importaba, con solo verlo nos bastaba para permanecer quietos y tranquilos entre el mediodía y la hora de almuerzo. Indiscutidamente, tía Franchesca prendía un ventilador de antaño en el que una de las paletas rozaba groseramente con las rejillas. El ruido era insoportable, sobre todo teniendo en cuenta que el poco aire que llegaba no justificaba el alboroto y los gritos a la hora del almuerzo. Supongo que es por esto que gustaban tanto los pocos días de primavera, pues, son esos días, los únicos en que el ventilador enfría, el calefactor calienta, y el calefón no se apaga. Entonces regresaba como todas las semanas la pregunta y tema de conversación infaltable: - Y tía, ¿Cuándo va a cambiar ese ventilador? - ¡Pero hija!, ¿Vos sabes la cantidad de años que tiene este ventilador?, yo no lo cambio por nada, los nuevos se rompen enseguida. Inmutable, siempre la misma respuesta, expresando una sonrisa triunfante, sabiendo que tenía razón, como si tía Franchesca se negase en cada contestación al mundo de las computadoras y los circuitos complejos y pequeños. Por lo general, después del banquete, nos levantábamos presurosos a buscar algún rincón del patio para emprender con los largos rituales de elección y así comenzar con cualquier juego que presentasen mi prima la mayor o mí hermana Mabel. Las señoras de la casa, levantaban la mesa y se codeaban incesantes para llegar a la cocina y ponerse a lavar los platos mientras los hombres charlan y escuchan en la radio cualquier partido de fútbol sin ninguna relevancia para aprovechar a terminaban alguna botella de vino. Es excitante pues, para los hombres, padres, abuelos y tíos, el partido de domingo, en lo personal, nunca he podido llegar darme cuenta de la importancia de éste, pero las expectativas por parte de ellos son otras, por que tiene todo un ritual ese partido. Y aunque siga pensando que a veces son partidos sin ninguna relevancia, no es lo mismo un partido de lunes, de martes o de cualquier otro día de la semana que el partido de domingo. Recuerdo como tatuado en la mente un olor particular aquellos días, mezcla de hierbas campestres y tabaco; por que en las largas siestas, las señoras poblaban la amplia mesa del comedor con mates, ceniceros sucios y cartas, para empezar a distraerse y jugar a la canasta. E indiscutidamente los hombres eran desplazados al patio o a algún café para seguir con sus largas charlas de pipa y fútbol apasionadamente hasta las siete de la tarde, hora de reencuentro por excelencia. Entonces pataleábamos incesantes por un par de horas más, pues, de esa forma nos negábamos a dar paso al tan odiado lunes de rutina. El caso es que aquel domingo los nubarrones perpetuaban el firmamento y los truenos incesantes amenazaban con una tormenta selvática. A mi en particular me gustaban mucho las lluvias, solía aprovechar esas horas para pasar el tiempo en mi habitación recostado en la cama mirando por la ventana que da al pequeño pasillo de los cachivaches en casa. Por allí, no solamente podía oírse la lluvia como ahuecada, también las gotas caían como grandes piedras que cargadas atacaban el suelo para expandirse hasta volverse insignificantes. Por lo general, mi hermana mayor optaba por salir al jardín en ese momento, y aunque todavía no logro entender el porqué de tal gusto, si era comprensible el insaciable anhelo de mi madre por retenerla antes de que escape a cielo abierto. Por lo general, todo tiene otro sabor el último –o primer- día de la semana. Tal vez, si no fuese domingo, yo no estuviese recostado mirando la lluvia por mi ventana: Tío Eduard, no estaría prendiendo la pipa, ni salando la carne con tanto afán de agasajarnos; y Mabel, no correría con tanta alegría a pisotear los charcos del patio. Llegada la noche, mi madre, sentabase de modo rutinario a ver un poco de televisión, nunca el mismo programa, pero siempre algo interesante. Entonces mi padre la acompañaba, hasta que por lo general, en pos de derrota al cansancio, se dependía para dormir dándose por vencido al pequeño franco de veinticuatro horas. Entonces, mi hermano menor, cruzaba bulliciosamente la cocina preguntando por algo para la cena, que por lo general se basaba en comida recalentada del mediodía. Inmediatamente, con la propia invitación del aroma, nos acercamos a la mesa los más hambrientos y nos sentamos a comer, como dos condenados a muerte, pues el sabor de esa comida, no decía indiscutidamente que era inútil tratar de estirar más el banquete. Sin embargo, es llamativa la situación de domingo, tal vez por que en las calles no queden más que noctámbulos de la noche del sábado y ancianos escuchando la radio y tomando mates sentados en las puertas de las casas. No lo se, pero es el único día en que no nos importa nada mas que el banquete de domingo. Para las esposas, es hora de ver a los suegros, las madres, los primos; las abuelas, aprovechan para expresar al máximo su arte culinario, ya que hay bocas que alimentar y quien adule sus esfuerzos; las familias aprovechan para desempolvar anécdotas y destilar recuerdos. Pero para nosotros, es la gran hora del único reencuentro programado.
Damian Payo "Cuentos Cortos y Breves Relatos"DESPIDO
“Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo”
Espergesia, Cesar Vallejo
La casa era lo suficientemente amplia para que allí vivieran dos personas sin estorbarse en lo más mínimo, pero ella había preferido mudarse sola. A penas si podía alcanzar a pagar la renta y de vez en cuando pasaba los últimos días del mes con un poco de pan y agua cuasi putrefacta y llena de sarro que salía estrangulada de la única canilla que funcionaba en el baño, cerca del comedor.
No tenía mascotas y solamente a veces, salía a la vereda y tiraba algo de sobras de la comida a los perros del vecindario; eso pasaba cuando se levantaba dispuesta a reconciliarse consigo misma. Entonces, desempolvaba las sabanas, pasaba trapos secos a los muebles y con una escoba deshilachada sacaba los vestigios de polvillo que entraban por la ranura de la puerta principal. Nunca nadie conoció su casa, y nunca nadie más que ella camino por esos pisos, así que no era complicada la hora de la limpieza.
Sentabase, a menudo, a escuchar violines o cuartetos de cuerdas frotadas con una rítmica lenta, totalmente apagadas; sonidos capaces de hacer llorar las hojas del patio, música sin cadencias, totalmente elevada y presta al resquebrajamiento al mismo tiempo. Entonces tomaba uno de los tantos cuadernos que había comprado años atrás, antes de la mudanza, y astillaba con un carbón sus sentimientos en dibujos oscuros y sucios.
Encendía un cigarrillo tras otro, la casa vegetaba impregnada de un olor a tabaco mal apagado, a cuerpo sucio y a ceniceros roñosos en el lavaplatos.
En ningún momento las persianas se abrieron del todo, tan solo entraban pequeños retazos de luz por las ranuras que quedaban entreabiertas. Al quinto mes ya se habían quemado todas las bombillas de la casa, y tal vez por motivos propios, dejaron de encenderse las luces de todas las habitaciones.
Tal vez, la vida no le era de gran importancia; tal vez, tenía tanta complicación de entendimiento para ella, que optaba por su agorafobia horas eternas encerrada en espacio y tiempo por esas cuatro paredes corroídas y manchadas; o quizá, la vida era tan poco para ella, que carecía de todo sentido por su simpleza. No lo se, y creo estar seguro que ella tampoco.
También guardaba desde el primer día en la casa una cajita de madera sellada e intacta desde entonces en el placard. Pasaba largas horas sentada al pie de la cama en las tardes, caminaba con los pies descalzos a todos lados, y por días enteros no se oía más que sus talones golpeando el suelo, de la cama al living, del comedor al placard…
Si hubiese sido otro día con seguridad habría dudado. Pero siempre asintió que el domingo es el día perfecto para despedirse o recomenzar. Puede que sea por el paisaje interminablemente lineal sin sombras humanas que irrumpan, o por la simple agonía que acarrea el silencio de las siestas cuando apuntala el crepúsculo por la tarde.
Entonces de improviso una caravana liderada por un cajón de difunto y unas caras mortuorias dio cuerda al reloj de sus horas… caminó hasta la cocina, aferrose a una botella de vino añejo que reposaba en la esquina de la mesada. Aplasto sus pupilas bajo los parpados por unos instantes mientras volteaba para llegar al comedor cargada de un vaso y la negra botella. Todo en actos delimitadamente seccionados, todo planeado y presupuesto para aquella tarde.
Una vez destapada la botella, servido y probado el vino, con los labios rojizos y caídos, levantose para ir hasta el placard.
La luz ya era tenue para las cuatro de la tarde, pero bastaba para resaltar los cuerpos inertes sobre la mesa del comedor: cuadernos dibujados con a penas un par de hojas en blanco, el vaso cargado, la botella vacía y la cajita de madera totalmente intacta y sellada como el primer día.
Los ojos, agolpados de sangre, permanecían resecos; cual ladrón al asecho abrazo la caja, forjo la cerradura y casi triunfante acerco la púa a un disco con Sinfonías de Debussy. Recién atacaban con despecho los flautines el tema principal y miraba curiosa hoja por hoja los dibujos, lánguidamente cargaba de saliva el dedo índice y recomenzaba con los doblajes para pasar a la hoja siguiente. Casi por primera vez, sonrió, y embistió sus ojos de lágrimas.
Sus parpados aun luchaban en vano por no dejarse vencer por el peso de las lágrimas cuando sacó la botella de combustible de la caja y roció los cuadernillos. Eran las cinco de la tarde para entonces, y hacían molinos sobre el suelo las hojas resecas de los árboles.
Ella, con los pies sucios, el cuerpo desnudo y encorvado en la silla aferrose al metal y observo cuidadosamente los números sellados en el dorso. Pensó, mientras la habitación se impregnaba a olor combustible, pensó… en la irrealidad totalmente humana de los números: en la insondable simpleza del símbolo uno, y cubrió el primer espacio en el tambor de plomo; pensó en el numero tres, en la desigualdad del ser humano, encendió un fósforo; claire de lune de un piano estrangulado acompañaba el calor que emanaba la mesa del comedor, susurro al viento un paráfrasis incoherente; entonces pensó en el numero cinco, aunque ya eran las seis y media de la tarde… ya sin duda alguna pensó en el numero siete mientras serraba el tambor suavemente y presta al después. Eran las siete de la tarde para entonces, un domingo a las siete de la tarde, un domingo, día perfecto para despedirse o recomenzar…
DAMIAN PAYO La carta que el Sup escribió...La carta que el Sup escribió para que Elías Contreras le entregara,
como si propia fuera, a La Magdalena. Magdalena: Te vi de madrugada. Escondida o encerrada estabas en una torre de calendarios y geografías absurdas que me decían que no era bienvenido. Pero, apenas un momento, y te asomaste entera, hermosa y desnuda de prejuicios, luchando a favor de este nadie que soy y rescatándome de una noche ajena. Yo me quedé temblando, aún lo estoy. Deslumbrado todavía, en los pasos que siguieron y dimos juntos, lo que antes entró por la mirada, suavemente se llegó a mi pecho por camino desconocido. Te vi, y yo pensé que eso me bastaría, que tu imagen sería suficiente para tomar fuerza y alejarme para que, cuando el tiempo pidiera cuentas, el saldo fuera apenas un recuerdo de la tormenta que por cabellos llevas, el collar de besos que imaginé para tu cuello. Pero no, no fue suficiente. Necesito colgarte cien suspiros al oído y recorrer tu geografía con mis labios. Y necesito que mis manos se dibujen en tu cintura y tus caderas, que mi sed encuentre alivio entre tus piernas, que renazcan mis dedos sobre tus senos, que tu boca me diga lo que no me dirán tus palabras, que mi piel más sombra sea en la luz de la tuya. Ya nada basta. No basta con que sueñe que te tomo por la cintura, que te acerco a mí y que a tu cuello llega mi aliento, que dudan mis manos entre uno y otro pecho, que me restriego a tus caderas y que tu humedad me guía. No basta con pensar que tu tormenta me estalla en la cara, ni que me piense y te piense conmigo dentro, con el deseo montado en piernas y caderas, corriendo a ninguna parte, atento al gesto que en gemidos dibujas. No basta imaginar que me tienes, que me enseñas a encontrarte, que me haces hacerte, que te dibujas entre mis brazos, que tiemblas y me tiemblas. No basta que reconstruya en la mente lo que tal vez no pasará nunca: el quitarte la ropa y los miedos, el desnudarte las ganas, el abrirte por el vértice sombreado, todo deseo, todo misterio, el entrarte hasta el sitio que anule por fin toda razón y que sólo la carne mande. No basta que trate de distraerme detrás de las palabras que arrojas, fallidas puertas de salida, ventanas que no invitan a asomarse siquiera, paredes cerradas. He tratado de tomar distancia, de hacer complicadas cuentas de días, kilómetros, horas, calles frías, laberintos, olvidos. Consulté mapas que confirman que el tuyo es otro mundo. Ha sido inútil. Esta mañana, por ejemplo, me he hecho el firme propósito de tomar distancia, anteponer un montón de razones para irme ya alejando y decir adiós sin palabras, que siempre es el adiós más difícil, el más artero. Pero apenas te he visto y he olvidado hasta la hora. Bastó que desde lo lejos intuyera una tormenta, para que botara propósitos y razones, para que el corazón y las ganas se desbocaran, y para que un cuello suspirado me robara todo el aliento. Magdalena, yo sólo quería decirte que me gustas y que quería acercarme a ti. Pero acercarme como un hombre se acerca a una mujer que le gusta. Algo así como tomarte de la cintura y acercar tus pechos al mío, acercarme a tu cuello, decirte algo tierno y dulce al oído, mordisquear las manzanas de tus mejillas y llegar a tus labios con un beso, imaginarte un jadeo si mis manos te rehicieran los senos, intuirte un sueño si mi abrazo te tomara prisionera la cintura, soñarte soñando conmigo dentro y dentro mío. ¿Hago mal en desearte, en que mi piel quiera tocarse en la tuya, en buscarte para encontrarte como se encuentran un hombre y una mujer que se gustan, es decir, desnudos y sedientos? ¿Hago mal en decirlo o en hablarlo con silencios? Yo lo que quiero es encontrarte para invitarte a perderte conmigo, Magdalena, que la piel le hable a la piel el deseo que callan las palabras y que el silencio habla… Espero entonces, tu silencio y tu palabra. Vale. Salud y que en la tormenta de la noche los cuerpos sean la barca. Elías Contreras. Fin de la carta para la Magdalena que Elías, afortunadamente, nunca entregó. Tal vez mañana (Prosa)Tal vez mañana despiertes y, despiadadamente, insultes al curso paralelo en que el tiempo transcurre, u objetes que sobra el tiempo para seguir durmiendo, con la plena necesidad de desapareces, pero sin el valor para hacerlo.La noche es perfecta; amenaza la llovizna del quinto viernes que nunca llega, y sin embargo la luna brilla allá en la penumbra: resalta tu cabello, la morena piel que deviene en tu boca entre abierta babeando la almohada.Yo me desvanezco en una esquina, enciendo un cigarrillo y recuerdo a Girondo preguntando a que nos recuerda el maullido de los gatos en celo por las noches.Tal vez, mañana despiertes y como el cuarto sábado te ofusquen los semáforos en rojo y rechines los dientes al no estar donde precisamente quieres.Tome lápiz azul y empecé a dibujarte. Pues, te quiero así, respirando serena, masticando del aire. Recuerdo a Vallejo, Carpentier; a Neruda, por que “me gusta cuando callas…”Es una lastima, pues tal vez mañana amanezca y ya no quieras estar aquí....DAMIAN PAYOEn la PenumbraCada dia, continua creciendo "Antologia completa de un corto plazo"... aqui un pequeño repaso de sus imprentas:
Te miro en la penumbra, Por que tal vez, de ese modo, No me duela verte.
Visito un clímax con mis ojos, Los ojos tuyos; los míos ojos.
Deja que te mire, te recorra, Que transmute mis pupilas en tu piel; Que se hagan horas, se desprendan del lucero; Hágase sol o nube, tumulto y deshora.
Te miro, soy viento, Metamorfoseo en la brisa que acaricia tus mejillas. En el manso y ronco hastío que respiras. Hastío que delira, se estira y me mira.
Te miro, te observo, pues con solo eso Se hace sombra, la sombra que te mira Te hace sombra y desvanece.
Deja verte, ¡por favor no perezcas! Pues, reaparece si escapas, La sombra que temo y estalla. AmaneceSin palabras.... Ha, se viene "Antologia completa de un corto plazo" con "cuentos Cortos y Breves Relatos". Disfrutenlo:
¿Qué ha quedado del cántico de los pájaros a la madrugada? ¿Por qué todavía camino en la penumbra? Y de la cama a la heladera; y de la cocina al baño.
Pesa la rutina Y la ciudad es un despoblado de cuatro paredes, Y unas ratas furtivas.
¿Por qué el sol no se desmantela?
Y solo duermes. Intacta. Atónita Ese sueño que tanto duele. Porque me dueles en la penumbra. En el silencio absurdo de la noche.
Me hieres en la cama, mientras duermes Y desangrándome camino… Y de la cama a la heladera; y de la cocina al baño.
Enciendo un cigarrillo… Amanece DAMIAN PAYO Sin titulo desde el trenHermosa, tremenda y asquerosamente hermosa, lastima que la vi por un par de estaciones nada mas.... He aqui mas de lo que se puede exprimir uno de la cabeza en un viajecito de tren: Ese olor a amoniaco ancerrado en sudor FrioLa imagen perversa del tiempo, tema principal de conversacion cuando aparece... y a quien no le disgusta el frio? bueno, hay algunos casos particulares, pero es este un claro ejemplo e imagen de tristeza a la hora de hablar de poesia.
Frio, impalpable y tactil,
carroñero astio de animas en pena.
La colilla veinticinco,
como disparo al viento
impregna mi lengua de un sabor a cafe añejo.
Frio.
El empaño del espejo
espera mi regreso,
para volver a mostrarme lo que "no soy",
y mis ojos, y mi boca. Frios.
La linea Roca rebasando Ringuelet
se torna conglomerada de rostros duros y resfriados.
Rostros de almas ostinads a la perdida,
sin poder escapar del viejo frio.
Gevara de la Serna y Granado,
Treciendo espartanos,
Las mil y una noches, los castillos,
Y frio, mas que frio.
Frio que se siente,
que se percibe, se saborea.
Frio de poblados insondables.
El frio de las sabanas, en las manos.
Frio de sus ojos, blancos rostros.
La muerte... y su frio. A mi IzquierdaParte de aqui algunas nuevas producciones, latima que van en desmedro. Espero poder seguir agregando cosas, por ahi no les gusten pero va a ser hora de que la cantidad rompa con la calidad, jajaja.
A mi izquierda, el príncipe duda. A mi izquierda el sol puebla, Pues, a mi izquierda el viento delira Y el verde me tiñe la piel.
De mi izquierda brotan deleites, Resurgen campanas en horas inciertas. A mi izquierda le robo un reflejo, Le pido un latido, le muestro mis sueños.
Con mi izquierda me escondo perdido, Le digo que no es hora de huir, ni de olvidos. Si mi izquierda pudiese mirarme, Si tan solo volara conmigo.
Pues, mi izquierda no canta, ni calla, Y resta saber que tiene un destino. Mi izquierda se aleja, se pierde y estalla, Me aferro al momento de hallarle sentido.
Yo, tengo un deleite y un suave latido. Pues, esta, mi izquierda, no vuelve. Me resta la diestra y un tenue sonido, El mero instante, de ella conmigo. Sentimientos vagos y nesesariosantes de que nada, es nesesario resaltar de entre los papeles, el rojo del vaso de vino sobre la mesa, en un sabado del que no queda mas que el recuerdo. Y si, aquel recuerdo que muchos llevamos mas que como recuerdo como trsiteza, y volvemos avocados a el con una vieja sensacion de agonia.
Por ahi buscando entre las fotos, encontre sonrisas de la promo, lo cual hoy resulta increiblemente imposible, parecemos ancianos al pensar que la ultima vez que nos vimos, fue derramando llanto en una sala mortuoria. Suena cada vez mas surrealista esa situacion... Tenia solamente 18 años merda!!! ¿que se puede hacer en ese tiempo?, absolutamente nada, y eso genera impotencia, miedo, horror, temor.
Podemos seguir creciendo, el dia de mañana alardear de profesionales, y que hay con eso, seguiremos siendo simplemente humanos, personas, pequeños. con mucho de nosotros podriamos arriesgarnos a ser verdaderamente grandes, hombres capaces de jugarnos a volver a ser completamente felices como en aquellos tiempos, seria un Utopia, totalmente inalcanzable. ¿Donde nos quedamos?¿que nos enseño ese tiempo? ¿a caso absolutamente nada?!! (creo que este momento de resfleccion es de los lectores, no me queda mucho mas que decir que lo que uds ya hayan imaginado y pensado).
DAMIAN PAYO
Pido diculpas por errores de redaccion, pero los sentimientosno no son imprentas La Plata AnochecidaY se presencian nuevas experiencias en las penumbras de 1 y 46, un viejo taxi en el burdesque, el ultimo cigarrillo, kioscos cerrados y papel y lapiz en mano:
En la primer esquina de cuarenta y seis El transito se hace lento, Casi imperceptible, Los semáforos respiran aliviados.
Tan solo el ruido de la línea treinta y dos Que pasa cada hora, Y el camión de la basura que viene repleto Y hace propia la calle.
El oeste se detiene en un garito Y recoge al último pasajero De campera y boina Antes que la tormenta arrase con el silencio.
Así se plasma la noche, Poco a poco, Y un aire frío y abrumador Hace sonar las ranuras E invita a las familias a arroparse.
Las hojas cantan, chirlean, Y el verde, amarillo y rojo Titila en vano.
Solo quedan un par de putas Pidiendo calor a gritos, Y un par de hojas,Que se pierden en la inmensidad de infinito. y si les hablo de Bs As?Aqui un poco de esta metropolis de la que tanto se conoce y tan poco se habla:
Lo mas imponente del Gran Buenos Aires,
No son los particulares rascacielos,
Ni el tan nombrado obelisco.
Lo mas llamativo de este mundo pequeño,
Es saber que, al ir ellos vienen,
Y al volver, ellos siempre etaran llendo.
Es por esto que se torna imposible reencontrarte.
Y es asi, por mas que busque,
Tu no apareces.
¿Y que hay de ellos?,
Mazas sistematicas de saco y corbata,
Capaces de hacer del tiempo tan solo un pasaje.
Pero lo mas hermoso de aqui,
Es que aun cerca, o lejos de ellos,
Es posible, aun, ejercer el oficio de Bohemio. Un poco mas...A modo de presentacion de "Recuerdo de Un Desapego Matinal" y reapertura de las escrituras propias en el espacio les present este poema.
Tambien rercordando el pasado 5 de marzo por el 19 aniversario de Ariel, aquel que no pudo llegar a realizarse por motivos ya conocidos entre los nuestros... es en esos momentos cuando recuerdo que existen "Cosas asi". Tan Tristes:
COSAS QUE NUNCA QUERRE
Hay cosas tan tristes, Sonidos tan agudos que me rompen los tímpanos hasta tapados, Canciones tristes y tenues que hacen llorar a menudo.
Hay horas eternas envasadas en el silencio del desvelo, Y horas a las que solo una sonrisa las altera, A un punto tal Que no quiero dejarlas pasar.
Hay caricias olvidadas en algún bar, Sueños hilados por pesadillas despiertas.
Yo, Sinceramente, No lo se, No me animo a buscar esa realidad que nos de un por que, No anhelo saberlo todo, Solo quiero ese desvelo de madrugada, Ese canto nocturno y alentador.
No quiero seguir viviendo en el recuerdo, Almas perdidas que ya nunca veré, Caricias dolidas que nunca quise y siempre amare.
Quiero esa muerte instantánea invitando a reír nervioso por el resto del día, Busco ese proyecto a futuro Sin trampas ni desdichas. Te quiero a vos, Vivaz, alegre. Quiero vivir un instante tan veloz que nos lleve días abandonar, Invitar a mi memoria, a jugarse por hoy, A creer que no existen cosas así, Cosas tan tristes…
Pido Al Mundo Enterovivmos en un pais, tan lleno de bellezas como nos puede dar la naturaleza. creemos estar en la gloria Natural. sin saber que la belleza mas grande podriamos encontrarla en cualquier pais, cualquier rincon y con solo mirar nos daremos cuenta.
En este pequeño poemita, quiero aventurarme a resaltar y sostener "Con la irresponsabilidad que se me caracteriza" que no hay imagen mas bella que la sonrisa de una mujer. y aqui va dedicado para todas ellas, quienes por la sola mueca de sonrisa nos ayudan a hacer nuestra rutina mas levadera:
Pido al mundo entero Que se acaben las salas mortuorias, Que no haya hora de madrugar, Que se mueran las tristezas, Así nunca te veo llorar.
Sois la mujer más bella Cuando tus ojos quieren brillar, Que para ti no haya amargura, Y cada día volverme a enamorar.
Pido a la sombra su muerte, Que nunca calle el zorzal, Que cada luna te encuentre conmigo, Así no te puedo extrañar.
Tienes el alma vivaz, Amor de amores que no he de olvidar, Tus ojos brillan por mi cada día, Dormir a tu lado, es siempre soñar.
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