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Banquete de Domingo

            Habría llovido la noche anterior, ya que las hojas secas que forman colchones en el patio cerca de la parra se tornaban resbaladizas y tía Franchesca sentabase en la reposera gozosa de haber dormido toda la mañana sin tener que levantarse a dar baldazos o a barrer el patio. Entonces tío Eduard encendía la pipa para las 12 y se preparaba para salar la carne del asado de domingo mientras nosotros mirábamos atónitos el fuego.

Nunca pude llegar a comprender por que el fuego chispeante en el asador nos llamaba tanto la atención. Por ese momento dejábamos de pensar en cualquier fantasía y solamente pertenecíamos al momento; no hacíamos mas que mirarlo, pues un par de veces mi prima, la menor, quiso acercarse para sentirlo y la convulsión de todos en la casa nos hizo saber que solamente podíamos permanecer a un par de metros; pero no nos importaba, con solo verlo nos bastaba para permanecer quietos y tranquilos entre el mediodía y la hora de almuerzo.

            Indiscutidamente, tía Franchesca prendía un ventilador de antaño en el que una de las paletas rozaba groseramente con las rejillas. El ruido era insoportable, sobre todo teniendo en cuenta que el poco aire que llegaba no justificaba el alboroto y los gritos a la hora del almuerzo. Supongo que es por esto que gustaban tanto los pocos días de primavera, pues, son esos días, los únicos en que el ventilador enfría, el calefactor calienta, y el calefón no se apaga. Entonces regresaba como todas las semanas la pregunta y tema de conversación infaltable:

-         Y tía, ¿Cuándo va a cambiar ese ventilador?

-         ¡Pero hija!, ¿Vos sabes la cantidad de años que tiene este ventilador?, yo no lo cambio por nada, los nuevos se rompen enseguida.

Inmutable, siempre la misma respuesta, expresando una sonrisa triunfante, sabiendo que tenía razón, como si tía Franchesca se negase en cada contestación al mundo de las computadoras y los circuitos complejos y pequeños.

            Por lo general, después del banquete, nos levantábamos presurosos a buscar algún rincón del patio para emprender con los largos rituales de elección y así comenzar con cualquier juego que presentasen mi prima la mayor o mí hermana Mabel.

Las señoras de la casa, levantaban la mesa y se codeaban incesantes para llegar a la cocina y ponerse a lavar los platos mientras los hombres charlan y escuchan en la radio cualquier partido de fútbol sin ninguna relevancia para aprovechar a terminaban alguna botella de vino.

Es excitante pues, para los hombres, padres, abuelos y tíos, el partido de domingo, en lo personal, nunca he podido llegar darme cuenta de la importancia de éste, pero las expectativas por parte de ellos son otras, por que tiene todo un ritual ese partido. Y aunque siga pensando que a veces son partidos sin ninguna relevancia, no es lo mismo un partido de lunes, de martes o de cualquier otro día de la semana que el partido de domingo.

            Recuerdo como tatuado en la mente un olor particular aquellos días, mezcla de hierbas campestres y tabaco; por que en las largas siestas, las señoras poblaban la amplia mesa del comedor con mates, ceniceros sucios y cartas, para empezar a distraerse y jugar a la canasta. E indiscutidamente los hombres eran desplazados al patio o a algún café para seguir con sus largas charlas de pipa y fútbol apasionadamente hasta las siete de la tarde, hora de reencuentro por excelencia. Entonces pataleábamos incesantes por un par de horas más, pues, de esa forma nos negábamos a dar paso al tan odiado lunes de rutina.

            El caso es que aquel domingo los nubarrones perpetuaban el firmamento y los truenos incesantes amenazaban con una tormenta selvática. A mi en particular me gustaban mucho las lluvias, solía aprovechar esas horas para pasar el tiempo en mi habitación recostado en la cama mirando por la ventana que da al pequeño pasillo de los cachivaches en casa. Por allí, no solamente podía oírse la lluvia como ahuecada, también las gotas caían como grandes piedras que cargadas atacaban el suelo para expandirse hasta volverse insignificantes. Por lo general, mi hermana mayor optaba por salir al jardín en ese momento, y aunque todavía no logro entender el porqué de tal gusto, si era comprensible el insaciable anhelo de mi madre por retenerla antes de que escape a cielo abierto.

            Por lo general, todo tiene otro sabor el último –o primer- día de la semana. Tal vez, si no fuese domingo, yo no estuviese recostado mirando la lluvia por mi ventana: Tío Eduard, no estaría prendiendo la pipa, ni salando la carne con tanto afán de agasajarnos; y Mabel, no correría con tanta alegría a pisotear los charcos del patio.

            Llegada la noche, mi madre, sentabase de modo rutinario a ver un poco de televisión, nunca el mismo programa, pero siempre algo interesante. Entonces mi padre la acompañaba, hasta que por lo general, en pos de derrota al cansancio, se dependía para dormir dándose por vencido al pequeño franco de veinticuatro horas. Entonces, mi hermano menor, cruzaba bulliciosamente la cocina preguntando por algo para la cena, que por lo general se basaba en comida recalentada del mediodía. Inmediatamente, con la propia invitación del aroma, nos acercamos a la mesa los más hambrientos y nos sentamos a comer, como dos condenados a muerte, pues el sabor de esa comida, no decía indiscutidamente que era inútil tratar de estirar más el banquete.

            Sin embargo, es llamativa la situación de domingo, tal vez por que en las calles no queden más que noctámbulos de la noche del sábado y ancianos escuchando la radio y tomando mates sentados en las puertas de las casas. No lo se, pero es el único día en que no nos importa nada mas que el banquete de domingo. Para las esposas, es hora de ver a los suegros, las madres, los primos; las abuelas, aprovechan para expresar al máximo su arte culinario, ya que hay bocas que alimentar y quien adule sus esfuerzos; las familias aprovechan para desempolvar anécdotas  y destilar recuerdos. Pero para nosotros, es la gran hora del único reencuentro programado.

 

Damian Payo

"Cuentos Cortos y Breves Relatos"

DESPIDO
“Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo”
Espergesia, Cesar Vallejo
 
 
 
La casa era lo suficientemente amplia para que allí vivieran dos personas sin estorbarse en lo más mínimo, pero ella había preferido mudarse sola. A penas si podía alcanzar a pagar la renta y de vez en cuando pasaba los últimos días del mes con un poco de pan y agua cuasi putrefacta y llena de sarro que salía estrangulada de la única canilla que funcionaba en el baño, cerca del comedor.
            No tenía mascotas y solamente a veces, salía a la vereda y tiraba algo de sobras de la comida a los perros del vecindario; eso pasaba cuando se levantaba dispuesta a reconciliarse consigo misma. Entonces, desempolvaba las sabanas, pasaba trapos secos a los muebles y con una escoba deshilachada sacaba los vestigios de polvillo que entraban por la ranura de la puerta principal. Nunca nadie conoció su casa, y nunca nadie más que ella camino por esos pisos, así que no era complicada la hora de la limpieza.
            Sentabase, a menudo, a escuchar violines o cuartetos de cuerdas frotadas con una rítmica lenta, totalmente apagadas; sonidos capaces de hacer llorar las hojas del patio, música sin cadencias, totalmente elevada y presta al resquebrajamiento al mismo tiempo. Entonces tomaba uno de los tantos cuadernos que había comprado años atrás, antes de la mudanza, y astillaba con un carbón sus sentimientos en dibujos oscuros y sucios.
            Encendía un cigarrillo tras otro, la casa vegetaba impregnada de un olor a tabaco mal apagado, a cuerpo sucio y a ceniceros roñosos en el lavaplatos.
            En ningún momento las persianas se abrieron del todo, tan solo entraban pequeños retazos de luz por las ranuras que quedaban entreabiertas. Al quinto mes ya se habían quemado todas las bombillas de la casa, y tal vez por motivos propios, dejaron de encenderse las luces de todas las habitaciones.
            Tal vez, la vida no le era de gran importancia; tal vez, tenía tanta complicación de entendimiento para ella, que optaba por su agorafobia horas eternas encerrada en espacio y tiempo por esas cuatro paredes corroídas y manchadas; o quizá, la vida era tan poco para ella, que carecía de todo sentido por su simpleza. No lo se, y creo estar seguro que ella tampoco.
            También guardaba desde el primer día en la casa una cajita de madera sellada e intacta desde entonces en el placard. Pasaba largas horas sentada al pie de la cama en las tardes, caminaba con los pies descalzos a todos lados, y por días enteros no se oía más que sus talones golpeando el suelo, de la cama al living, del comedor al placard…
            Si hubiese sido otro día con seguridad habría dudado. Pero siempre asintió que el domingo es el día perfecto para despedirse o recomenzar. Puede que sea por el paisaje interminablemente lineal sin sombras humanas que irrumpan, o por la simple agonía que acarrea el silencio de las siestas cuando apuntala el crepúsculo por la tarde.
            Entonces de improviso una caravana liderada por un cajón de difunto y unas caras mortuorias dio cuerda al reloj de sus horas… caminó hasta la cocina, aferrose a una botella de vino añejo que reposaba en la esquina de la mesada. Aplasto sus pupilas bajo los parpados por unos instantes mientras volteaba para llegar al comedor cargada de un vaso y la negra botella. Todo en actos delimitadamente seccionados, todo planeado y presupuesto para aquella tarde.
            Una vez destapada la botella, servido y probado el vino, con los labios rojizos y caídos, levantose para ir hasta el placard.
            La luz ya era tenue para las cuatro de la tarde, pero bastaba para resaltar los cuerpos inertes sobre la mesa del comedor: cuadernos dibujados con a penas un par de hojas en blanco, el vaso cargado, la botella vacía y la cajita de madera totalmente intacta y sellada como el primer día.
            Los ojos, agolpados de sangre, permanecían resecos; cual ladrón al asecho abrazo la caja, forjo la cerradura y casi triunfante acerco la púa a un disco con Sinfonías de Debussy. Recién atacaban con despecho los flautines el tema principal y miraba curiosa hoja por hoja los dibujos, lánguidamente cargaba de saliva el dedo índice y recomenzaba con los doblajes para pasar a la hoja siguiente. Casi por primera vez, sonrió, y embistió sus ojos de lágrimas.
            Sus parpados aun luchaban en vano por no dejarse vencer por el peso de las lágrimas cuando sacó la botella de combustible de la caja y roció los cuadernillos. Eran las cinco de la tarde para entonces, y hacían molinos sobre el suelo las hojas resecas de los árboles.
Ella, con los pies sucios, el cuerpo desnudo y encorvado en la silla aferrose al metal y observo cuidadosamente los números sellados en el dorso. Pensó, mientras la habitación se impregnaba a olor combustible, pensó… en la irrealidad totalmente humana de los números: en la insondable simpleza del símbolo uno, y cubrió el primer espacio en el tambor de plomo; pensó en el numero tres, en la desigualdad del ser humano, encendió un fósforo; claire de lune de un piano estrangulado acompañaba el calor que emanaba la mesa del comedor, susurro al viento un paráfrasis incoherente; entonces pensó en el numero cinco, aunque ya eran las seis y media de la tarde… ya sin duda alguna pensó en el numero siete mientras serraba el tambor suavemente y presta al después. Eran las siete de la tarde para entonces, un domingo a las siete de la tarde, un domingo, día perfecto para despedirse o recomenzar…
 
DAMIAN PAYO

La carta que el Sup escribió...

 
La carta que el Sup escribió para que Elías Contreras le entregara,
como si propia fuera, a La Magdalena.

Magdalena:

Te vi de madrugada. Escondida o encerrada estabas en una torre de calendarios y geografías absurdas que me decían que no era bienvenido. Pero, apenas un momento, y te asomaste entera, hermosa y desnuda de prejuicios, luchando a favor de este nadie que soy y rescatándome de una noche ajena. Yo me quedé temblando, aún lo estoy. Deslumbrado todavía, en los pasos que siguieron y dimos juntos, lo que antes entró por la mirada, suavemente se llegó a mi pecho por camino desconocido.

Te vi, y yo pensé que eso me bastaría, que tu imagen sería suficiente para tomar fuerza y alejarme para que, cuando el tiempo pidiera cuentas, el saldo fuera apenas un recuerdo de la tormenta que por cabellos llevas, el collar de besos que imaginé para tu cuello. Pero no, no fue suficiente. Necesito colgarte cien suspiros al oído y recorrer tu geografía con mis labios. Y necesito que mis manos se dibujen en tu cintura y tus caderas, que mi sed encuentre alivio entre tus piernas, que renazcan mis dedos sobre tus senos, que tu boca me diga lo que no me dirán tus palabras, que mi piel más sombra sea en la luz de la tuya.

Ya nada basta. No basta con que sueñe que te tomo por la cintura, que te acerco a mí y que a tu cuello llega mi aliento, que dudan mis manos entre uno y otro pecho, que me restriego a tus caderas y que tu humedad me guía. No basta con pensar que tu tormenta me estalla en la cara, ni que me piense y te piense conmigo dentro, con el deseo montado en piernas y caderas, corriendo a ninguna parte, atento al gesto que en gemidos dibujas. No basta imaginar que me tienes, que me enseñas a encontrarte, que me haces hacerte, que te dibujas entre mis brazos, que tiemblas y me tiemblas. No basta que reconstruya en la mente lo que tal vez no pasará nunca: el quitarte la ropa y los miedos, el desnudarte las ganas, el abrirte por el vértice sombreado, todo deseo, todo misterio, el entrarte hasta el sitio que anule por fin toda razón y que sólo la carne mande. No basta que trate de distraerme detrás de las palabras que arrojas, fallidas puertas de salida, ventanas que no invitan a asomarse siquiera, paredes cerradas.

He tratado de tomar distancia, de hacer complicadas cuentas de días, kilómetros, horas, calles frías, laberintos, olvidos. Consulté mapas que confirman que el tuyo es otro mundo. Ha sido inútil. Esta mañana, por ejemplo, me he hecho el firme propósito de tomar distancia, anteponer un montón de razones para irme ya alejando y decir adiós sin palabras, que siempre es el adiós más difícil, el más artero. Pero apenas te he visto y he olvidado hasta la hora. Bastó que desde lo lejos intuyera una tormenta, para que botara propósitos y razones, para que el corazón y las ganas se desbocaran, y para que un cuello suspirado me robara todo el aliento.

Magdalena, yo sólo quería decirte que me gustas y que quería acercarme a ti. Pero acercarme como un hombre se acerca a una mujer que le gusta. Algo así como tomarte de la cintura y acercar tus pechos al mío, acercarme a tu cuello, decirte algo tierno y dulce al oído, mordisquear las manzanas de tus mejillas y llegar a tus labios con un beso, imaginarte un jadeo si mis manos te rehicieran los senos, intuirte un sueño si mi abrazo te tomara prisionera la cintura, soñarte soñando conmigo dentro y dentro mío. ¿Hago mal en desearte, en que mi piel quiera tocarse en la tuya, en buscarte para encontrarte como se encuentran un hombre y una mujer que se gustan, es decir, desnudos y sedientos? ¿Hago mal en decirlo o en hablarlo con silencios?

Yo lo que quiero es encontrarte para invitarte a perderte conmigo, Magdalena, que la piel le hable a la piel el deseo que callan las palabras y que el silencio habla… Espero entonces, tu silencio y tu palabra.

Vale. Salud y que en la tormenta de la noche los cuerpos sean la barca.

Elías Contreras.

Fin de la carta para la Magdalena que Elías, afortunadamente, nunca entregó.

Audio Completo (Enlace Zapatista)

Tal vez mañana (Prosa)

 

            Tal vez mañana despiertes y, despiadadamente, insultes al curso paralelo en que el tiempo transcurre, u objetes que sobra el tiempo para seguir durmiendo, con la plena necesidad de desapareces, pero sin el valor para hacerlo.

            La noche es perfecta; amenaza la llovizna del quinto viernes que nunca llega, y sin embargo la luna brilla allá en la penumbra: resalta tu cabello, la morena piel que deviene en tu boca entre abierta babeando la almohada.

            Yo me desvanezco en una esquina, enciendo un cigarrillo y recuerdo a Girondo preguntando a que nos recuerda el maullido de los gatos en celo por las noches.

            Tal vez, mañana despiertes y como el cuarto sábado te ofusquen los semáforos en rojo y rechines los dientes al no estar donde precisamente quieres.

            Tome lápiz azul y empecé a dibujarte. Pues, te quiero así, respirando serena, masticando del aire. Recuerdo a Vallejo, Carpentier; a Neruda, por que “me gusta cuando callas…”

            Es una lastima, pues tal vez mañana amanezca y ya no quieras estar aquí....

 

 

DAMIAN PAYO

20060510-duerme

En la Penumbra

Cada dia, continua creciendo "Antologia completa de un corto plazo"... aqui un pequeño repaso de sus imprentas:
 

Te miro en la penumbra,

Por que tal vez, de ese modo,

No me duela verte.

 

Visito un clímax con mis ojos,

Los ojos tuyos; los míos ojos.

 

Deja que te mire, te recorra,

Que transmute mis pupilas en tu piel;

Que se hagan horas, se desprendan del lucero;

Hágase sol o nube, tumulto y deshora.

 

Te miro, soy viento,

Metamorfoseo en la brisa que acaricia tus mejillas.

En el manso y ronco hastío que respiras.

Hastío que delira, se estira y me mira.

 

Te miro, te observo, pues con solo eso

Se hace sombra, la sombra que te mira

Te hace sombra y desvanece.

 

Deja verte, ¡por favor no perezcas!

Pues, reaparece si escapas,

La sombra que temo y estalla.

Amanece

Sin palabras.... Ha, se viene "Antologia completa de un corto plazo" con "cuentos Cortos y Breves Relatos". Disfrutenlo:

 

¿Qué ha quedado del cántico de los pájaros a la madrugada?

¿Por qué todavía camino en la penumbra?

Y de la cama a la heladera; y de la cocina al baño.

 

Pesa la rutina

Y la ciudad es un despoblado de cuatro paredes,

Y unas ratas furtivas.

 

¿Por qué el sol no se desmantela?

 

Y solo duermes. Intacta.

                        Atónita

Ese sueño que tanto duele.

Porque me dueles en la penumbra.

En el silencio absurdo de la noche.

 

Me hieres en la cama, mientras duermes

Y desangrándome camino…

Y de la cama a la heladera; y de la cocina al baño.

 

Enciendo un cigarrillo… Amanece

DAMIAN PAYO

 

Videos de la Pr0m05

  

Sin titulo desde el tren

Hermosa, tremenda y asquerosamente hermosa, lastima que la vi por un par de estaciones nada mas.... He aqui mas de lo que se puede exprimir uno de la cabeza en un viajecito de tren:

Ese olor a amoniaco ancerrado en sudor
te puebla la piel.
El sonido macondo de las estrellas
te tiñe la voz.

El rostro de las copas
y el color putrefacto.
el final de tu nariz,
el morado de tud labios.

Adoro la triste sencillez
con que te apropias del tabaco,
el calor infinitivo, que reposa en tu labios.
y los retienes, como privatizando el silencio.

se dobla, se ajusta, acelera, se expande...
Recorriendo tu garganta,
desembocando justo al borde te tu nariz,
Acariciandote las mejillas.

Geniuno... Un vivo tatuaje de la memoria.


Si bien me parece demaciado raro, puede ser medianamente entendible, jajaja. por lo pronto no tiene titulo y esta recien salidito del azul. Espero que aprovechen y en sus comentarios me tiren un par de ideas. Gracias

Frio

La imagen  perversa del tiempo, tema principal de conversacion cuando aparece... y a quien no le disgusta el frio? bueno, hay algunos casos particulares, pero es este un claro ejemplo e imagen de tristeza a la hora de hablar de poesia.
 
Frio, impalpable y tactil,
carroñero astio de animas en pena.
 
La colilla veinticinco,
como disparo al viento
impregna mi lengua de un sabor a cafe añejo.
Frio.
 
El empaño del espejo
espera mi regreso,
para volver a mostrarme lo que "no soy",
y mis ojos, y mi boca. Frios.
 
La linea Roca rebasando Ringuelet
se torna conglomerada de rostros duros y resfriados.
Rostros de almas ostinads a la perdida,
sin poder escapar del viejo frio.
 
Gevara de la Serna y Granado,
Treciendo espartanos,
Las mil y una noches, los castillos,
Y frio, mas que frio.
 
Frio que se siente,
que se percibe, se saborea.
Frio de poblados insondables.
 
El frio de las sabanas, en las manos.
Frio de sus ojos, blancos rostros.
La muerte... y su frio.

A mi Izquierda

Parte de aqui algunas nuevas producciones, latima que van en desmedro. Espero poder seguir agregando cosas, por ahi no les gusten pero va a ser hora de que la cantidad rompa con la calidad, jajaja.
 

A mi izquierda, el príncipe duda.

A mi izquierda el sol puebla,

Pues, a mi izquierda el viento delira

Y el verde me tiñe la piel.

 

De mi izquierda brotan deleites,

Resurgen campanas en horas inciertas.

A mi izquierda le robo un reflejo,

Le pido un latido, le muestro mis sueños.

 

Con mi izquierda me escondo perdido,

Le digo que no es hora de huir, ni de olvidos.

Si mi izquierda pudiese mirarme,

Si tan solo volara conmigo.

 

Pues, mi izquierda no canta, ni calla,

Y resta saber que tiene un destino.

Mi izquierda se aleja, se pierde y estalla,

Me aferro al momento de hallarle sentido.

 

Yo, tengo un deleite y un suave latido.

Pues, esta, mi izquierda, no vuelve.

Me resta la diestra y un tenue sonido,

El mero instante, de ella conmigo.

Sentimientos vagos y nesesarios

antes de que nada, es nesesario resaltar de entre los papeles, el rojo del vaso de vino sobre la mesa, en un sabado del que no queda mas que el recuerdo. Y si, aquel recuerdo que muchos llevamos mas que como recuerdo como trsiteza, y volvemos avocados a el con una vieja sensacion de agonia.
Por ahi buscando entre las fotos, encontre sonrisas de la promo, lo cual hoy resulta increiblemente imposible, parecemos ancianos al pensar que la ultima vez que nos vimos, fue derramando llanto en una sala mortuoria. Suena cada vez mas surrealista esa situacion... Tenia solamente 18 años merda!!! ¿que se puede hacer en ese tiempo?, absolutamente nada, y eso genera impotencia, miedo, horror, temor.
Podemos seguir creciendo, el dia de mañana alardear de profesionales, y que hay con eso, seguiremos siendo simplemente humanos, personas, pequeños. con mucho de nosotros podriamos arriesgarnos a ser verdaderamente grandes, hombres capaces de jugarnos a volver a ser completamente felices como en aquellos tiempos, seria un Utopia, totalmente inalcanzable. ¿Donde nos quedamos?¿que nos enseño ese tiempo? ¿a caso absolutamente nada?!! (creo que este momento de resfleccion es de los lectores, no me queda mucho mas que decir que lo que uds ya hayan imaginado y pensado).
 
 
 
                      DAMIAN PAYO
 
Pido diculpas por errores de redaccion, pero los sentimientosno no son imprentas

La Plata Anochecida

Y se presencian nuevas experiencias en las penumbras de 1 y 46, un viejo taxi en el burdesque, el ultimo cigarrillo, kioscos cerrados y papel y lapiz en mano:
 

En la primer esquina de cuarenta y seis

El transito se hace lento,

Casi imperceptible,

Los semáforos respiran aliviados.

 

Tan solo el ruido de la línea treinta y dos

Que pasa cada hora,

Y el camión de la basura que viene repleto

Y hace propia la calle.

 

El oeste se detiene en un garito

Y recoge al último pasajero

De campera y boina

Antes que la tormenta arrase con el silencio.

 

Así se plasma la noche,

                           Poco a poco,

Y un aire frío y abrumador

Hace sonar las ranuras

E invita a las familias a arroparse.

 

Las hojas cantan, chirlean,

Y el verde, amarillo y rojo

Titila en vano.

 

Solo quedan un par de putas

Pidiendo calor a gritos,

Y un par de hojas,Que se pierden en la inmensidad de infinito.

 

y si les hablo de Bs As?

Aqui un poco de esta metropolis de la que tanto se conoce y tan poco se habla:
 
Lo mas imponente del Gran Buenos Aires,
No son los particulares rascacielos,
Ni el tan nombrado obelisco.
 
Lo mas llamativo de este mundo pequeño,
Es saber que, al ir ellos vienen,
Y al volver, ellos siempre etaran llendo.
 
Es por esto que se torna imposible reencontrarte.
Y es asi, por mas que busque,
Tu no apareces.
 
¿Y que hay de ellos?,
Mazas sistematicas de saco y corbata,
Capaces de hacer del tiempo tan solo un pasaje.
 
Pero lo mas hermoso de aqui,
Es que aun cerca, o lejos de ellos,
Es posible, aun, ejercer el oficio de Bohemio.

Un poco mas...

A modo de presentacion de "Recuerdo de Un Desapego Matinal" y reapertura de las escrituras propias en el espacio les present este poema.
Tambien rercordando el pasado 5 de marzo por el 19 aniversario de Ariel, aquel que no pudo llegar a realizarse por motivos ya conocidos entre los nuestros... es en esos momentos cuando recuerdo que existen "Cosas asi". Tan Tristes:
 

COSAS QUE NUNCA QUERRE

 

Hay cosas tan tristes,

Sonidos tan agudos que me rompen los tímpanos hasta tapados,

Canciones tristes y tenues que hacen llorar a menudo.

 

Hay horas eternas envasadas en el silencio del desvelo,

Y horas a las que solo una sonrisa las altera,

A un punto tal

Que no quiero dejarlas pasar.

 

Hay caricias olvidadas en algún bar,

Sueños hilados por pesadillas despiertas.

 

Yo,

       Sinceramente,

                              No lo se,

No me animo a buscar esa realidad que nos de un por que,

No anhelo saberlo todo,

Solo quiero ese desvelo de madrugada,

Ese canto nocturno y alentador.

 

No quiero seguir viviendo en el recuerdo,

Almas perdidas que ya nunca veré,

Caricias dolidas que nunca quise y siempre amare.

           

Quiero esa muerte instantánea invitando a reír nervioso por el resto del día,

Busco ese proyecto a futuro

Sin trampas ni desdichas.

Te quiero a vos,

Vivaz,                           alegre.

Quiero vivir un instante tan veloz que nos lleve días abandonar,

Invitar a mi memoria, a jugarse por hoy,

A creer que no existen cosas así,

                                                     Cosas tan tristes…

 

 

Pido Al Mundo Entero

vivmos en un pais, tan lleno de bellezas como nos puede dar la naturaleza. creemos estar en la gloria Natural. sin saber que la belleza mas grande podriamos encontrarla en cualquier pais, cualquier rincon y con solo mirar nos daremos cuenta.
En este pequeño poemita, quiero aventurarme a resaltar y sostener "Con la irresponsabilidad que se me caracteriza" que no hay imagen mas bella que la sonrisa de una mujer. y aqui va dedicado para todas ellas, quienes por la sola mueca de sonrisa nos ayudan a hacer nuestra rutina mas levadera:
 

Pido al mundo entero

Que se acaben las salas mortuorias,

Que no haya hora de madrugar,

Que se mueran las tristezas,

Así nunca te veo llorar.

 

Sois la mujer más bella

Cuando tus ojos quieren brillar,

Que para ti no haya amargura,

Y cada día volverme a enamorar.

 

Pido a la sombra su muerte,

Que nunca calle el zorzal,

Que cada luna te encuentre conmigo,

Así no te puedo extrañar.

 

Tienes el alma vivaz,

Amor de amores que no he de olvidar,

Tus ojos brillan por mi cada día,

Dormir a tu lado, es siempre soñar.

 

Tanguito de amor

Hay algo en el alma del dos por cuatro que todavia me hace soñar. Aqui un taguillo de mis puños y desarraigo:
 

Tango, triste y de arrabal, copado de arrugas en la voz,

Tanguito, cansado de llorar, llora por ella que no vendrá,

Decime tango de armonía, tanguito de sentimiento,

De guitarra complicada, que es lo que hay detrás de alma.

 

Por que hoy, chito, compañía, vivís del recuerdo,

Naces del tiempo de tristeza, naces abatido de amor,

Y recuerdo, su boca en mi boca, después de su vuelo,

Recuerdo, el sonido perverso, de un buen bandoneón.

 

Te miro, tocarme en el pecho, un viejo recuerdo,

Y toco, en canto y en sueño, lo que a tu lado pierdo,

Por que hoy a pesar del despecho, te tengo en mis versos,

Tanguito del viejo, tanguillo de amor.

 

Baile de taco y adoquín, de saco negro y toque en el talón,

Bailecito que siempre a de vivir en el mi San Telmo, del amor,

Tócame un sueño de piazzola, y un dos por cuatro del bordón,

Para curar estas heridas, que aquella mina me dejo.

 

Canto gris, de tarde de llovizna, de sueños de arcilla,

Canto y cuento viejo que nuestras despedidas,

Por que no huiste aquella noche que te lo pedía,

Por que quisiste seguir siendo mi salvavidas.

 

Te miro, tocarme en el pecho, un viejo recuerdo,

Y toco, en canto y en sueño, lo que a tu lado pierdo,

Por que hoy a pesar del despecho, te tengo en mis versos,

Tanguito del viejo, tanguillo de amor.

 

DAMIAN PAYO

Un Viejo Flamenco

Esta bien, no es una situacion taaaan hermosa pero es lindo, pasear por la lluvia, escuchar un lindo flamenco y recordarla:
 

Oía un viejo flamenco de la mano de un suave violín,

Mientras las frías gotas de lluvia, me llevaban al recuerdo,

Sentía resonar los pies destacando en los charcos,

Miraba esa lluvia caer para detenerse en el parabrisas.

 

Y las miro, apenadas dejarse llevar por el peso, hasta ser avasalladas por el ventílate,

Te imagino, sonriente, mojada, dejándote llevar por mi hasta la nada,

                                                    Feliz,

Pero tus pies no tocan el suelo, aprendes a volar, y amas volar,

Dejas que el tiempo pase, y no importa la imprudencia nocturna,

No importan los ojos que nos miren,

                     Pues, es solo lluvia.

 

Tenemos pies, manos y sueños mojados, gargantas ansiosas por explotar,

No dejas de ser mujer,

                                     Y yo, aunque cansado, lucho por no cansarme de ser hombre

Habia una vez una Salta

Como pueblo, somos lo que creamos, esa gente que nace del Folkclore, esa gente es nuestro pueblo salteño.
mientras esperaba "no se a quien" jajaja, en la plaza 9 de julio, miraba a mi alrededor, gente con bermudas y sandalias fotografian un pueblo, para mi, verdaderamente incierto, un circo creado para ellos, mientras la gente de alli se preocupaba por asegurarse de que su estadia fuera grata dejando de ser meramente SALTEÑOS. en fin, sin dejar de lado lo que ya hice y tomando en cuenta que soy Tartagalence, escribi esto tan resumido como abarcativo:
 
 

Vivo en este mundo incierto, donde nace Balderrama, donde la gente pasea, mirando la subrealidad argentina, esa idea de sonrisas tardías y tabaco en madrugada.

            A menudo la perfección engañosa nos puebla de riquezas, sin pensar que a lo lejos, los vientres secan impacientes.

            La desigualdad nos mira con ojos sonrientes, rodeada del arden de un teatro. Y esta mierda calza botines y saco, este mundo, cultura comercial. Es un entorno más que residual.

 

Por ahi exagero un poco, no lo se, me encantaria recibir un comentario, alentador o desalentador, pero constructivo al fin.

 
 
 

El Espantapajaros

Ya lo dijo este famoso escritor, es notable como este espacio se ha convertido poco a poco en una pesadilla para lo lectores, lleva ya casi 20 blogs copados de versos y frases, famosas y propias. En fin, como no aparece nada nuevo en mi cabeza, por el momento solamente de decido a agasajarlos con producciones agenas como esta, un hermoso texto de Oliveiro Girondo: El Espantapajaros. Para Uds. que lo disfruten:

     No se, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! - y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretenden seducirme! Está fue - y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Que me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Que me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronostico reservado? María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado!. ¡María Luisa! ¡María Luisa!... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. ¡Que delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿ Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centimetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

De Rayuela Capitulo VII

Es bueno... aunque creo que me falta mucho tiempo de lectura para llegar a comprender del todo a julio Cortazar, por ahora me interesa y gusta mucho este capitulo de su libro "Rayuela" espero que lo disfruten:
 

Capítulo 7 

    Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

 

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.